miércoles, 25 de febrero de 2015

Somos jóvenes


Somos jóvenes, y estamos aquí para algo.
Vivir la vida intensamente, no sólo porque lo digan las canciones, si no porque ahora es el mejor momento.
Gritar al cielo, vivir sin miedo, salir a la calle a las tres de la madrugada para dar un paseo, y fumar cigarrillos, y quedarse en el metro.
Andar sin prisa por las cunetas, mirar las calles, sonreír a extraños.
Dar propinas, ir a la playa, estar sedientos de nuevas experiencias.
Esquiar, surfear, amar. Querer con el corazón en la mano y arrepentirnos. Querer con el corazón en la mano y entregarlo. Y que nos pisoteen el alma, y que se nos encienda el cabello, que nos recorran por las venas la adrenalina del primer intento.
Correr las persianas, poner música alta, quemar las viejas cartas…
Cuidar a la familia, salir adelante…ser feliz. Lograr estar bien, y dejar claro a todo el mundo, que estamos aquí para algo.

Tenía unos ojos malditos, llenos, profundos, oscuros, que gritaban tantas cosas, que expresaban tanto. Que pedían derramar lágrimas atrapadas. Eran unos ojos muertos.

La poesía -entre otras cosas- es cambiar la perspectiva de las cosas, valga la redundancia. Transformarlas en bellos o en tristes escenarios. De eso se trata esta pasión, esta locura de almas remendadas y confusas. De verlo a tu manera, y de que cada corazón sienta e interprete distinto al resto.

jueves, 5 de febrero de 2015

Si mi amor, te miro a ti

Y a menudo me pregunto por qué le escribo. Por qué a el.
Y es que le miro y veo, dos lunas llenas tan inmensas en sus ojos. Sin fondo.
Su semblante siempre firme, tenaz, con ese deje de melancolía que lleva en sus labios al dar una media sonrisa.
La manera en la que guarda sus manos en los bolsillos traseros, o cuando mete los pies hacia dentro al andar.
Esa mirada que desconcierta, esa que tiene cuando esta callado. Cuando observa. Nadie se haría una idea de lo que pìensa.
Entonces toma mi mano en la suya y ríe por lo bajo al notar la diferencia de tamaño. 
Cuando me mira tanto, que sospecho de si me mira a mi. Y yo acabo riendo por la desesperación.
"Sí mi amor, te miro a ti." Dice. El café se me atraganta.
¿Cómo de loco puede acabar un hombre por su musa? ¿Y la mujer? ¿Cómo de perturbados pueden terminar?
De él aprendí a amar. De el aprendí la picardía, aprendí a ver más allá de lo que mis ojos me podían mostrar. Me enseñó a ver la vida de una manera bizarra pero divertida. Loca, apasionada y joven.
Y entonces me paro a pensar...y recuerdo las cosas que me hace sentir. Despierto con la cara lavada y él me mira de nuevo, sonríe, y me besa el mentón. Y esto se repite cada mañana, a las 6:45 y decido hacer café. 
Todos los días.

lunes, 2 de febrero de 2015

Nada que objetar.

No se donde se fue, que ocurrió, que pasó. En verdad, ni idea tengo.
Supongo que el tiempo pasa, y yo he acabado perdiendo la ilusión…Las ganas de ser. 
Escribir me liberaba, me evadía del mundo, me daba libertad.
Ahora, en fin, me siento cansada. Cansada, y aburrida. Sin ganas de nada, con la ausencia de algo presente. Con la necesidad de liberar todo, pero sin saber como hacerlo.
Nada me sorprende, nada me asusta.
Salgo a la calle cada día, tomo el mismo camino; otro día similar.
Sé que las cosas las debe cambiar uno mismo, pero aún estoy tranquila. Estoy esperando a algo que…no lo sé, la verdad.
Soy paciente, y a veces, me deprimo. Quisiera saber si mirar por mi ventana mientras llueve me lleva a alguna parte.
¿No?
Es probable.